Me encontraba caminando en la playa de Salinas, caminaba mientras el
mar sutilmente se deslizaba por mis pies, observando cómo se formaban las olas y
como segundos después simplemente rompían su estructura quedando solo el
constante movimiento del agua, en ese momento lo asocie con mi vida, tanto por
dar, tanto por alcanzar, tanto por vivir, asocie mi vida en como la ola se
formaba alcanzando grandes alturas y en cómo se destruía en un instante, suspiré
y me dije a mi misma que hay que apreciar un poco más la esencia que brinda
cada detalle que la vida ofrece, seguía caminando cuando de repente logré
observar como un grupo de personas se empezaba aglomerar en la orilla del mar, apresuré mi
paso, cuando llegué al punto indicado, guardé silencio y respiré muy despacio
tratando de entender lo que estaba viendo, aún no lo podía creer, me impresioné
mucho al ver una Ballena sin vida de aproximadamente 14 metros, los rumores no cesaban,
y decidí acercarme a Ben
Haase, director del Museo de Ballenas de Salinas, informándome que el caso es
"interesante" porque el cetáceo no sería una jorobada que llega para
estas fechas a aparearse a las costas de Ecuador, por lo tanto se convierte en
un caso muy inquietante, por cuanto Hasse y Biólogos del Ministerio de Ambiente
indagaran a que especie pertenece y la causa de su muerte, mientras los
escuchaba lentamente me fui alejando, comprendiendo que vida hay una sola y hay
que vivirla al máximo, cuándo me alejaba un joven se me acerco dándome una foto
tomada en ese momento a la Ballena, me dijo que la conserve y que aprecie las
historias de la vida, más aún las capturadas por ese Momento.
Foto: David Cruz.

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